Esta temporada aún no tiene un candidato claro a llevarse los laureles, tampoco me preocupa demasiado, lo que si tengo claro es que será un año atípico, lleno de grandes momentos, unos en lo positivo y otros en lo negativo. Son los vientos que soplan en la Route, vientos irlandeses, de Mike Scott aun no me he olvidado, sigue ahí esperando a levar ancla y zarpar. En tierra, en la orilla permanece Bap Kennedy, sin nada nuevo que decir pero con canciones que cazó y pescó allí mismo donde le hicieron ese retrato. Miradle y acordaros de This is the Sea, esto es el mar. Cielo gris, y Bap Kennedy tranquilamente se dirige a tierra firme a través del rompeolas dejando atrás el océano, sube la marea, es irremediable, y como dijo el bardo, después queda aprender a nadar o hundirse como una roca. No hay mejor alegoría de la vida. El rompeolas como un camino que se mantiene inmutable adentrándose en el mar de Irlanda, rodeado por él, sumergido al anochecer por la marea alta mientras Neptuno agarra a la Luna, quien consiente el violento zic zac de las olas hasta que el astro rey sorprenda semejante affaire amoroso junto a las rocas, al amanecer. Bap Kennedy parece conocer esos sinos de la condición humana, esas revueltas internas tan dignas como las globales, donde es el destino quien ejercerá de gran poder que puede hacer sucumbir el espíritu, aunque sabe que siempre quedan esas pequeñas rendijas por donde las batallas de cada día nos harán triunfar sobre la marea que sigue subiendo, que nos mojará por fuera pero no por dentro.
No es un disco de irish folk, más bien son las canciones de un songwritter nacido en Irlanda, es parecido, pero no es lo mismo, conoce y maneja esa esencia que no depende sólamente de utilizar una instrumentación específica. Me da siempre pereza nombrar a Dylan como influencia porque siempre sale a colación cuando un songwritter tiene querencias acústicas y sabe rentabilizar como nadie tres acordes y rima asonante, Bap no se escapa a tal comparación por mi parte, pero no de manera gratuita y autocomplaciente, no se trata sólo de las formas, más bien llegó por el mismo sendero que transitó Mike Scott años atrás en su camino de Windmill a Spiddal cuando se encontró en el arcén a la eterna chica de las tierras del norte. The Sailor's Revenge podría ser como el disco de unos Midle Brother calados hasta los huesos por la humedad y el salitre del mar irlandés que se cuela por el golfo de Belfast. Pero mejor:
"Rasgueos de acústicas, violines, flautas y sabor a hierba húmeda. Su portada lo dice todo. Un disco para escuchar mirando a un océano irascible próximo a la tormenta, para pasear entre la bruma y ver atardecer en la campiña. O bien para saborear una buena pinta de cerveza en el calor de la taberna mientras la lluvia empapa las calles. Tan bonito como siempre." Manel
Canciones con esa melancolía inherente al sentir celta irlandés, historias que buscan luz entre los pequeños claros de un cielo tan gris, idóneas para tiempos como éste Ned amigo, en que ciertos días apetece romper a llorar, no por tristeza, más bien cuando descubres un pequeño haz brillante que te deslumbra en forma de una frase, un gesto o una canción, y me sacan de mi querencia natural hacia el desastre. En ese sendero encuentras esta venganza del marinero, una venganza pactada y sabida, tan cierta como que la marea bajará y el mar volverá a la calma. Bap Kennedy devuelve la tradición a su lugar de origen, y limpia ese sendero de hojas secas. Incluso Mark Knopfler encuentra un espacio idóneo donde dejar su característico puntéo y su contrastada sabiduría, que la tiene y mucha, con una producción donde manda la canción sobre la producción. A destacar esa nueva edición con un segundo disco con las canciones de su vida, algunas de películas, otras con Shane McGowan y Steve Earle, quien asegura que es el mejor cantautor que ha visto nunca, y como no, las co-escritas con Van Morrison. Muy bueno.




Tal y como le comente a Manel, esto tiene una pinta fantástica. Lo tengo pendiente.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Ayer me llegó al buzón la edición de luxe con el CD bonus. Este fin de semana se lo voy a dedicar entero. Saludos y gracias por la mención.
ResponderSuprimirTienes toda la razón, aires de Mike Scott. Como te puedes imaginar me gusta, son tiempos de la fisherman-star. Abraçada.
ResponderSuprimirSaludos Chals de tu amigo locuelo, mira, no te he leido, me reservo tu entrada para leerla esta noche mientras oigo el disco que acabo de cargar en el mp3. Te aseguro que cosas así, además de ser un deleite y relativamente sencillas, son bastante emocionantes. Tan sólo he leido el pequeño párrafo de Manel y ha sido suficiente como para añadirlo a mi lista de blogs amigos. Abrazo Chals!!
ResponderSuprimirPues esto no lo conocía, pero escuchando el tema del vídeo me han entrado muchas ganas de buscar música de este tipo.
ResponderSuprimirUn abrazo!
Pues a mí el timbre de voz me suena casi clavado al de Jeff Tweedy, y el estilo me remite mucho a Jeff en solitario o a las canciones más acústicas de Wilco (con violines, eso sí). Me entusiasma, por tanto.
ResponderSuprimirSaludos Chals, anoche estuve oyéndolo mientras leía tu entrada, lo de la mención no tiene nada que perdonar, me enorgullece que alguien tan gris como yo pueda ser motivo de inspiración vital para alguien. En realidad a todos nos hace falta que venga alguna vez alguien a recordarnos cuál es el buen camino, o el que se supone que debe ser. Supongo que lo que te quería decir era simplemente que no desfallecieras, y que pensaras en las cosas buenas que tienes, el nano, tu chica, tus amigos, tu familia, la música...
ResponderSuprimirHoy me he levantado con muchas ganas de volver al disco de Bap. Así que me lo pondré mientras leo un rato. En efecto tiene las reminiscencias que comentas en la entrada, pero bien entendidas y con un tratamiento de las canciones exquisito. Gran sugerencia Chals, si no es por tí me temo que me habría pasado totalmente desapercibido.
Abrazo!!
Sonaba Radio 3 cuando la presentadora les anunció como una banda que nos mostraba una Irlanda diferente a la predicada por U2. Eran Energy Orchard y venían de Irlanda del Norte, cantaban a Belfast con rabia y me descubrieron con que pasión se pueden interpretar las canciones de Van Morrison o de Bob Dylan. Tras cuatro álbumes, su líder emigró a los USA contestando a la llamada de un tal Steve Earle, pero de esa historia me enteraría mucho después, le perdí la pista hasta que un artículo en una revista (quizás Ruta 66) recorriera su pasado. Este álbum suena muy bien, la portada es preciosa, suena Irlanda, suena íntimo, como creo que podría haber sonado Mike Scott de haber continuado su carrera en solitario; me alegro de que no fuera así (a pesar de publicar dos discazos) y me alegro de que Bap Kennedy cruzara el charco, aunque siempre nos quedará la duda de cómo hubieran sonado hoy en día aquellos norirlandeses llenos de pasión (sus dos primeros álbumes todavía me ponen la carne de gallina).
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